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Hemingway se confiesa: —No puedo ser un buen católico porque soy un pecador. En Hemingway entre la Vida y la Muerte... Memorias de su amigo José Luis Castillo Puche. Por Carlos A Peón Casas

Hemingway se confiesa: «No puedo ser un buen católico porque soy un pecador»

En Hemingway entre la Vida y la Muerte... Memorias de su amigo José Luis Castillo Puche
Por Carlos A. Peón Casas

Confieso que busqué su libro con ahínco. Y solo alcancé en mis indagaciones desde Cuba a muy espurias referencias de ese memorioso recuento del escritor y periodista español José Luis Castillo Puche; finalmente, ya en tierras floridanas, lo he alcanzado a leer gracias a la magia que proporciona el Miami-Dade Library System y su eficiente servicio de préstamos interbibliotecarios.

Para que el lector se lleve una mejor idea, este volumen ha llegado a mis manos en mi «branch» de Westchester, desde la colección al cuidado de la University of West Florida y su biblioteca John C. Pace. En mis días cubanos eso hubiera sido un sueño y nada más.

José Luis Castillo Puche fue, desde el año 1954, alguien de especial cercanía con Hemingway, quien primero descubriría al autor de Con la muerte a mi espalda —novela de Castillo Puche que Hemingway leía con fruición aquel año—, convencido de que su altura era ejemplar y que «nadie en España habría escrito un libro tan potente y espontáneo».

De su intimidad probada, que incluso lo llevaría hasta una visita a Papá en su Finca Vigía en 1958, dejaría evidencias muy certeras en su ya citado libro biográfico.

Su lectura me ha conectado con un tema apasionante de la vida de Papá: su catolicidad. Y es que, aunque discutido hasta la saciedad su compromiso con la fe católica y su adhesión más o menos formal al credo, no deja de ser siempre reveladora la mirada y el testimonio compartido con su celebrado biógrafo español.

Por tal razón me limitaré a compartir con el lector las evidencias que el libro recoge. Los fragmentos que incluyo a continuación han sido traducidos desde la edición norteamericana de 1974 a mi vista, titulada Hemingway in Spain. A personal reminiscence of Hemingway’s years in Spain by his friend:

En el cuento «Now I Lay Me» (¡qué hermoso título!), el protagonista reza principalmente «por ellos», por otras personas, pero con su habitual franqueza Ernesto señala que no puede pasar de las palabras: «En la tierra como en el Cielo».

Pero quizá este camino no llevaba a ninguna parte. ¿Demostraba todo aquello algo? Por supuesto que no. La única prueba que yo tenía de algo era que había oído a Ernesto recitar el Padrenuestro, no una vez, sino varias veces. Y también conservaba en la memoria sus palabras:

— ¿No sabías que yo era católico?

— ¿Eso significa que ya no lo eres?

— Confieso que soy un mal católico.

Pero esto también demostraba algo más. En más de una ocasión, Ernesto había estado a punto de confesar toda la verdad acerca de su matrimonio con Pauline, pero se había detenido justo en el umbral. Mi impresión personal era que aquel había sido un período importante de su vida, pues le había proporcionado consuelo y felicidad, pero, al mismo tiempo, había sido una época de conflicto interior mucho mayor que el de cualquiera de sus otros matrimonios.

— No puedo ser un buen católico porque soy un pecador —había dicho.

— Pero creo que todos los que nos llamamos cristianos somos pecadores.

— Pero yo no soy un buen cristiano; nunca he conseguido serlo.*

*Op. cit., p. 152

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